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Navegación / Crucero Práctico

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Cosas que aprendí este verano

27/10/18

Nada de prisas y máxima concentración. Un verano más he tenido la suerte de navegar desde la Península hasta las Baleares y perderme unos días por Menorca. Hace tiempo que no escribo un artículo sobre cómo fondear porque pienso que está muy manido y nuestros lectores lo dominan a la perfección
Texto e ilustración de Isidro Martí

Cosas que aprendi este verano

El velero que fondeó ¡dos veces! popa al viento en una cala al sur de la isla no debía haber consultado manuales al uso. Los patrones de los dos veleros
sobre los que se abalanzó tras bornear hasta colocarse proa al viento todavía se están recuperando del susto.

Pues bien, no voy a hablarles del fondeo correcto ni sobre la educación, la prevención y la ética que tendrían que tener todos los patrones. Sobre la formación previa lo doy por perdido. Voy a hablarles de concentración y de no tener prisas.

EN MAHÓN

En una terraza de un bar de Mahón me encontré a mi amigo y patrón — vamos a llamarle Rafa Marlowe—, con aspecto cansado. Llevaba ya un mes largo de campaña intensa. La tormenta de la noche anterior a las tres de la madrugada con rachas de hasta 43 nudos dentro de puerto no había ayudado demasiado a que recuperara fuerzas tras varios días de travesía, fondeos con clientes, auxiliar arriba y abajo, que si ahora pillamos una piedra con el ancla y no hemos orincado, que si aquí hay posidonia y usted tiene que cambiar el fondeo…

Cosas que aprendi este verano

Mi amigo Rafa, tras pedirse una jarra de cerveza porque ya estaba cansado de las flojas holandesas que tenía en el barco, comenzó a explicarme cosas como suele hacer, sin mirarme a la cara y dejando perder la vista en los barcos atracados popa al muelle.

“El primer error que casi cometo, amigo Isidro, fue en el puerto de salida. Hacía un calor intenso, una humedad del 95 por ciento y no soplaba una brizna de viento. Mi tripulante estaba a bordo y yo preparaba la maniobra de salida. Tras soltar un cabo de amarre me dirigí a la pasarela para ayudar a izarla a
bordo. Atontado por el calor, no tuve en cuenta que las 17 toneladas del barco y el muerto de proa lo separaron un palmo del muelle, y al agarrar la pasarela ésta se escurrió fuera del mismo. No me fui al agua porque me sujeté a la otra amarra firme.

Cosas que aprendi este verano

Un fallo tonto. Cuarenta años navegando y casi monto el número. A los 55 ya no se tiene la agilidad de los 35. Aunque nuestra cabeza lo crea. El calor, el sopor y la excesiva confianza casi me juegan una mala pasada”.

Rafa hizo una pausa. Acabó de un trago el resto de cerveza y pidió otra ronda a la pizpireta camarera con un gesto profesional y cansino. Pero lo peor —disimuló un ligero eructo— fue la salida de Mahón hace unas semanas.

PARTIMOS

“Teníamos prisa, había que llegar a Palma a una hora determinada y decidí salir antes de las seis de la mañana. Un sencillo problema de arranque de motor me desconcertó un poco, pero la maniobra de salida fue impecable. Pasé el timón un momento a mi tripulante para entrar en la cabina y encender las luces de navegación. Me había olvidado de encenderlas previamente.

Cosas que aprendi este verano

Volví a salir. Y al coger el timón de nuevo tuve unos instantes de desconcierto. Bajé la intensidad del ploter electrónico porque me deslumbraba. Centré la posición del barco en el mismo. Miré las luces verdes y rojas del canal del puerto y ¡carajo! No me cuadraba nada. Aminoré máquina, consulté con
mi tripulante y amablemente me recolocó en situación. El cambio de timón, el deslumbre y la somnolencia me habían descolocado. La poca velocidad y la prudencia lo convirtieron en un incidente irrisorio, casi sin importancia”.

Mi amigo Rafa es un perfeccionista. Estaba enfadado consigo mismo. “Te lo explico —me dijo refunfuñando para sus adentros— porque no quiero que me vuelva a pasar. La pérdida de agilidad y reflejos nos hace más previsores, concentrarnos más y nunca, nunca, tener prisa. Las dos situaciones fueron con calma chicha, cuando te confías, cuando bajas la guardia.

Con fuerte viento no me hubiera pasado. Entonces es cuando más atento y concentrado estoy”. Rafa suspiró, calló durante un largo minuto y de repente aseveró: ¿te has fijado que en el muelle de Mahón todo son motoras y apenas hay veleros atracados?