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Polinesia Francesa: el paraíso al otro lado del mundo

22/11/13

”Es imposible sentirse infeliz en la Polinesia”, cantó un día el artista Jacques Brel, el más universal de los belgas. Y seguramente sea cierto. Las aguas del Pacífico que bañan los cinco archipiélagos de la Polinesia Francesa forman uno de los paisajes más inverosímiles para el navegante.

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Cinco días bastan para realizar un inolvidable periplo por las islas de Raiatea a Huahine y Tahaa, pertenecientes a las islas de Sotavento del archipiélago de La Sociedad. Este es nuestro recorrido a bordo de un Eleuthera 60, el Mata Fenua, un magnífico catamarán de más de 18 metros de eslora perteneciente a Archipiels Polynesian Cruisers, una de las compañías de chárter más acreditadas que trabaja en estas islas.

El Paraíso en la otra esquina es el título de una de las novelas menos conocidas de Mario Vargas Llosa. El escritor peruano en esta obra recorre varios paisajes, urbanos y naturales, haciendo referencia también a las islas de la Polinesia Francesa, donde transcurren algunos de los últimos pasajes. Sin paralelismo alguno, la “otra esquina”, en nuestro sentido, es la lejanía de Europa. Llegar a Polinesia exige un largo viaje que se ve recompensado por el relax que concede el entorno natural del Pacífico en estas islas.

El aeropuerto internacional de Faa’a, literalmente construido en la laguna, a pocos kilómetros al oeste de Papeete, en la isla de Tahití, es capital de este país independiente, pero muy dependiente de Francia y perfectamente comunicado. Llegamos desde Los Angeles (Estados Unidos) tras ocho horas de vuelo, y tras haber reposado en una escala de dos horas, procedentes de París (otras trece horas en el aire). El viaje es largo, fatiga a quien no esté habituado a permanecer tantas horas en vuelo. La compañía Air Tahiti Nui, no obstante, es la mejor alternativa desde la capital gala, y ofrece un nivel de servicio más que notable.

Al día siguiente, tras pocas horas de descanso, desde Papeete volamos a Raiatea, el punto de partida de nuestra navegación.

 

Raiatea, base náutica

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El contraste de color entre cielo y mar es el aviso de tormentas repentinas.

Esta isla es una verdadera base náutica. A 40 minutos de vuelo desde Tahití. Buena parte de las compañías de chárter que operan en Polinesia amarran parte de su flota en esta isla. Aquí nos embarcamos en el Mata Fenua, un Eleuthera 60 de Fountaine Pajot, perteneciente a Archipiels Polynesian Cruisers, con representación en Europa gestionada por Dream Yacht Charter. La tripulación formada por Marc, el capitán, y Sophie, exquisita cocinera y eficaz marino, alma del Mata Fenua, nos da la bienvenida. Como en cualquier chárter es fundamental tener unas nociones básicas sobre el barco y el funcionamiento de algunos elementos. El horario, el régimen de comidas, las actividades que desempeñaremos en las próximas jornadas, el manual básico de los sistemas de agua a presión y el empleo de los sanitarios son fundamentales en un barco donde la convivencia se pone a prueba, especialmente entre personas que nos acabamos de conocer.

Raiatea, o Hawakiki, es el segundo centro económico del país y un centro náutico de primer orden. Aquí esta una de las bases de la compañía Archipiels, en el puerto de Ururoa, en la costa oriental, que hace también las funciones de estación marítima para los grandes barcos de crucero. Está poco poblada, pero dispone de todos los servicios. Lo más atractivo es el mercado, los pequeños comercios y las vistas de la localidad. Está rodeada de múltiples bahías profundas y es célebre por sus espectaculares parajes, tanto marinos como de tierra adentro, con cascadas, cráteres, selvas tropicales, plantaciones de vainilla y su medioambiente preservado, donde la rara Tiare Apetahi, la flor simbólica del país y planta única gardenia en el mundo, está protegida.

El Eleuthera 60 es sumamente confortable para la travesía. Cuatro cabinas dobles integran esta versión de uno de los catamaranes de mayor aceptación para el chárter en estas latitudes. El primer tramo es breve: de Raiatea a Huahine no hay más de 35 millas. Una brisa que no supera los 12 nudos nos desplaza con suavidad. Fondeamos fuera de la laguna.

 

La seducción de Huahine

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La mayoría de los hoteles isleños disponen de habitaciones construidas sobre palafitos.

Son pocas millas. La travesía es breve, pero agradable. Las brisas del mes de mayo favorecen el confort en la navegación, sobre todo en estas aguas protegidas, de poco oleaje y con un catamarán de estas dimensiones, donde cualquier balanceo es inexistente.

Huahine, denominada en polinesio Matairea, fue bautizada por los descubridores como Hermosa, y está situada a 170 kilómetros al noreste de Tahití, pertenece al archipiélago de Raromatai, que quiere decir sotavento. Esta isla salvaje cautiva al visitante por su frondosa naturaleza y magníficas playas de blanca arena, que invitan a la práctica de las actividades náuticas, tales como el submarinismo, el surf y otras. Es, sin duda, el rincón más sensual del archipiélago, un concentrado de bellezas con todo lo que podemos encontrar en otras islas. Su enorme laguna de azul intenso, formada por el fino aro de la barrera coralina, abraza todo el perímetro de la isla, llenando hermosas bahías y playas vírgenes de arena blanca, y contrastando con los tonos oscuros del océano exterior y el verde luminoso de la exuberante flora tropical, que asciende a las empinadas cumbres de formación volcánica.

 

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Son comunes los acuarios naturales, con numerosas especies como mantas y rayas, pequeñas morenas, peces San Pedro, etcétera.

Es una “isla salvaje”, retirada del resto, seductora y rica en arqueología de los primeros pobladores, que oculta la magia de las sorprendentes anguilas sagradas de ojos azules. Testimonio de esta riqueza cultural son los templos de Orohaehae y “marae”, lugar de sacrificio para los dioses, impregnado de las leyendas del dios Hiro, protagonista místico de la isla.

El plátano, la copra, el melón y otras frutas constituyen la base de la agricultura isleña. Los recursos se incrementan con la oferta de la artesanía y la atracción que suponen los diversos acuarios naturales formados por los arrecifes de coral en la misma laguna, o los jardines botánicos.

Fondeamos fuera de la laguna. El buceo aquí es una actividad obligada. Los fondos coralinos, la fauna multicolor y las cristalinas y templadas aguas invitan a permanecer durante largo rato. A media tarde, un tentempié y, seguidamente, desembarco con el anexo en la isla. En algunos rincones el servicio de restauración y bar está asegurado, especialmente para los turistas visitantes, que no son legión, como estamos acostumbrados a ver en Europa. Aquí, muchos, son pocos. Huahine invita al contemplar las bellas puestas de sol, a explorar las grutas submarinas, o practicar surf. La montaña más alta de la isla, el Turi, con 669 metros, se yergue dominando toda la isla y compitiendo con el Otemanu, de 727 metros, el más alto de la cercana isla de Bora Bora.

Las aguas abrigadas de la laguna nos tientan a permanecer dos días rodeando la isla para conocerla a fondo. La gastronomía, basada en los numerosos pescados de estas latitudes y las frutas y verduras autóctonas, que integran la base de un amplio recetario polinesio, nos sorprende, sobre todo con las impecables preparaciones de Sophie.

 

Tahaa, el aroma a vainilla

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En el mercado de cualquier población las verduras y frutas tropicales representan el bodegón de la alimentación cotidiana de estas gentes.

La vainilla de Tahaa es una de las más preciadas del mundo, por no decir la mejor. Y las perlas grises cultivadas, y el pareo, y los diseños de tatuajes, y las olas para hacer surf, y los pescados, y la belleza de sus mujeres, y la blanca tiare (la gardenia nacional), y tantas cosas… a las que Tahaa añade aún más.

Esta isla, a menos de siete millas de Raiatea y a unas 40 de Huahine, brinda una flora tropical llena de fragancias y aromas únicos, que emanan las ricas frutas y la vainilla, presente en las grandes plantaciones de esta orquídea. Esta planta no se produce por su función ornamental, sino por su utilidad como preciada especia.

La laguna de Tahaa vuelve a prestar su abrigo al caer la noche. Tras la visita de una plantación, luego optamos por un prolongado baño en el escenario de los jardines de coral, donde observamos mantas, tiburones grises, morenas y otras especies de colores menos terroríficas. El suntuoso almuerzo típico en un motu (islote) es inevitable para completar la estancia en esta isla.

 

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Las costumbres están muy arraigadas en Polinesia. Los bailes típicos, las danzas del fuego y el folclore están presentes en cualquier bienvenida o celebración.

El dilatado tiempo de ocio debe complementarse con alguna acción a bordo, en las que el capitán, Julien, nos deja colaborar. Es como querer trabajar en el hotel de la estancia, pero algo diferente que forma parte de la actividad turística y vacacional de este viaje.

 

 

La Polinesia Francesa
La Polinesia Francesa se compone de 120 islas de origen volcánico o coralino que recubren una superficie emergida de 4.200 km2; dispersadas sobre 2.500.000 km2, una superficie prácticamente equivalente a la de todo el continente europeo. El territorio abarca cinco archipiélagos: La Sociedad, donde se hallan las Islas de Barlovento (Tahití, Mooréa y Tetiaroa) y las Islas de Sotavento (Raiatea, Tahaa, Huahine, Bora Bora y Maupiti); las Marquesas, al norte; y al sur las Australes, y los dos archipiélagos de las Tuamotu y de las Gambier.

 

 

Condiciones de navegación

Navegación ideal desde marzo hasta noviembre con tiempo soleado y alisios. Desde abril hasta junio y de septiembre hasta octubre, vientos de 10 a 15 nudos; en julio/agosto vientos más importantes; de diciembre a febrero, riesgo de fuertes precipitaciones. La entrada en las lagunas está claramente balizada, no hay mareas, por lo que la navegación es fácil.

El clima

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Rincones paradisíacos se esconden entre las mil calas que recortan el perfil de las mil islas polinesias.

Los cinco archipiélagos de la Polinesia Francesa están inmersos en la humedad y el calor del típico clima tropical, aunque suavizado por las brisas del océano. La temporada más húmeda, con lluvias casi diarias, abarca los meses de noviembre a abril; y la seca desde mayo a octubre, con muy pocas lluvias y temperaturas se mantienen bastante altas, aunque se ven atenuadas por las brisas marinas. A excepción de las Marquesas y al norte de Tuamotus, los chubascos son abundantes durante la época lluviosa (la temperatura del mar oscila entre los 26° y los 29°C, ideal para el baño. En realidad la vasta área oceánica de la Polinesia Francesa mantiene un clima veraniego prácticamente los doces meses del año, agradable y refrescado por los alisios del Pacífico. La temperatura media varía, según la estación, entre los 25 y 30° C para disfrute de sus habitantes.

 

 

 

Información de interés:

Oficina de turismo: www.tahiti-tourisme.es.

Compañías de chárter: http://www.tahiti-tourisme.es/newprestataires.php.

Vuelos: Air Tahiti Nui  www.airtahitinui.com.

Aeropuerto principal: Faa’a, Papeete (PPT).

Idioma: francés y polinesio.

Diferencia horaria: -12 horas en verano; -11 horas en invierno.

Electricidad: 220 voltios.

Requisitos: pasaporte mínimo con 6 meses de validez.

Moneda: franco polinesio (1 euro = 119,33 FCFP).

Temporadas baja: febrero hasta abril.

Temporada alta: septiembre hasta enero.

Temporada media: mayo, junio, julio y agosto.