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Amarras y defensas, el barco sin peligro

7/03/20

 Amarrar correctamente en puerto es una garantía de seguridad tanto para nuestro barco como para el propio puerto y para nuestros vecinos de pantalán. No pocas veces la marinería se ve obligada a revisar amarras cuando las condiciones se ponen feas. Ahorrémosles el trabajo asegurando bien nuestros barcos y vayámonos a casa tranquilos.

 

Amarrar bien el barco y dejarlo bien protegido por las defensas no presenta ninguna complicación. Basta conocer tres nudos básicos y su uso específico, además de disponer de los cabos más adecuados para ello, tanto en el material con que están confeccionados como en su longitud. Vayamos por partes.

 

Los cabos

Para las amarras se usan generalmente los cabos de poliamida o poliéster de tres cordones. Son los que más resisten a los rayos ultravioleta, aunque los tendremos que cambiar con cierta frecuencia y son, además, los que tienen la mejor relación calidad precio para el uso a que están destinados. Hay que disponer de un completo juego a bordo y revisar periódicamente su estado.

Cada cabo, en función de su uso, recibe un nombre concreto:

Largos: uno para proa y otro para popa. Evitan que el barco se mueva adelante o atrás cuando estamos abarloados. En atraques de punta se usarán en popa, uno a cada banda a las cornamusas del pantalán.

Springs: hay que tener dos, de longitud como mínimo igual o superior a la eslora del barco. Si se cobra de ellos, acercan la proa o la popa al muelle.

Traveses: mantienen el barco unido al muelle cuando el viento sopla de allí. Podemos tener dos, pero generalmente basta con uno a media eslora. No es necesario que sea muy largo, ya que sirve para evitar que el barco se separe del muelle.

Coderas: deben ser más largos que los traveses, ya que se amarran a boyas exteriores y sirven para evitar que el barco golpee el pantalán cuando abarloamos, cuando el viento viene de fuera. Es una situación poco frecuente en marinas, pero nunca está de más disponer al menos de una.

Recordemos pues, qué amarras debemos llevar a bordo: al menos de dos largos, dos springs y un través, que guardaremos siempre bien adujados en los cofres de bañera y a punto para ser usados.

Un amortiguador alarga la vida de las amarras y suaviza los tirones.

 

 

Los nudos básicos

Tres son los nudos esenciales que deberemos saber hacer con los ojos cerrados: el as de guía, el ballestrinque y la vuelta mordida.

El as de guía y la vuelta mordida sirven para hacer firme la amarra en la cornamusa del pantalán. El ballestrinque es el nudo más seguro para colgar las defensas. El as de guía puede usarse pasándolo simplemente por la cornamusa o, para asegurarlo, pasarlo por el interior de los soportes.

Un as de guía con gaza por el interior de la cornamusa y el chicote devuelto a bordo y hecho firme con vuelta mordida, nos permitirá soltarnos del pantalán con facilidad.

Si tenemos que amarrar a un noray, usaremos el as de guía o un ballestrinque momentáneamente. Cuando tengamos que hacer firme la gaza del as de guía en noray siempre lo haremos por dentro de la gaza del as de guía preexistente. De esta forma todos nos podremos liberar en un santiamén sin soltar al otro.

Hay que evitar los nudos en las líneas de amarre. Reducen la resistencia del cabo y son una fuente de complicaciones.

 

 

Elegir las defensas

Las defensas son los parachoques de nuestro barco y por ello deberemos elegir las más adecuadas entre las diferentes tipologías. Generalmente, con las defensas cilíndricas nos bastará, pero si tenemos espacio a bordo, nunca está de más disponer de una esférica o bumper, para colocarla donde se requiera en caso de emergencia, y de una en media luna para proteger la proa del pantalán si amarramos de punta. También las hay planas, tipo colchoneta, para proteger superficies planas. Lo esencial para que sean efectivas es colocarlas a la altura adecuada.

Si amarramos en un muelle, lo correcto es colocarla justo por encima de la línea de flotación, de forma que la defensa coincida con la parte más saliente del muelle o pantalán.

Si nos abarloamos con otros barcos deberemos colocar al menos una en la manga máxima de nuestro barco y la del casco del vecino.

En cuanto al tamaño una aproximación para elegirlo es la de contar unos 1,5 centímetros de diámetro por cada metro de eslora. Así, para un barco de entre 40 y 50 pies utilizaremos defensas de unos 25 centímetros de diámetro.

 

 

La maniobra

Todos los cabos deben estar preparados y las defensas puestas desde el momento en que entremos en puerto. Los cabos deben estar desazocados, enrollados en cubierta y —importante— pasados por debajo de los candeleros de proa o papa, según sea el caso.

Además de las defensas en las bandas, que deben quedar a media altura del francobordo o enrasadas en la regala, siempre tendremos una defensa libre lista para ser colocada donde convenga, en caso de fallo de la maniobra de atraque.

En función del número de tripulantes, uno se colocará en proa y otro en popa. Si atracamos de popa al muelle, el tripulante de proa recogerá la guía del muerto que le dará el marinero y se la llevará a proa para hacerla firme y evitar que el espejo del barco golpee el muelle.

El tripulante de popa dará las amarras al marinero en tierra, quien las hará firmes. Es el tripulante quien debe recogerla para alejar o acercar el barco desde la bañera. No debe quedar un espagueti de amarra en el pantalán, sino que el tripulante, una vez la amarra firme en tierra, cobrará de ella y la dejará bien ordenada en la banda.

Provisionalmente, y para atender otras necesidades o si se debe salir de nuevo al poco tiempo, como por ejemplo en la gasolinera, la amarra que se da al marinero puede pasarse por seno por la cornamusa o el noray y devolver el chicote al barco donde se hará firme. De esta manera no se necesitará ayuda desde tierra cuando desatraquemos.

Consejos que deben ser norma

En la maniobra de atraque o desatraque una de las cosas más importantes a tener en cuenta es la anticipación ya que lo que la suele estropear casi siempre es la improvisación. He aquí cuatro consejos que deben convertirse en rutina a bordo.

  • Tener los cabos bien aclarados, sin cocas ni nudos. Si es necesario les quitaremos las adujas y los volveremos a adujar.
  • Pasar los cabos por las gateras o guías. Nunca por encima de la regala y de los candeleros o balcones.
  • Colgar suficientes defensas de los costados. Una vez atracados ya acabaremos de reposicionarlas.
  • Nunca poner el pie entre la popa y el pantalán para detener el barco. Para esto está el motor.
  • Generalmente más vale basta tirar con poca fuerza, pero constante, que pretender acercar el barco por la fuerza bruta.
  • El patrón no debe gritar y los tripulantes tampoco. Las maniobras de atraque deben hacerse en silencio, y para esto basta convenir unos cuantos signos con las manos. Los vecinos de amarre lo agradecerán.
  • No entrar apoyándose a bandazos en los vecinos.
  • Dar primero los cabos que más sujeten al barco. Por ejemplo, si el viento viene de proa, amarraremos el largo de proa en primer lugar.