Imatge de portada

Equipo / Equipamiento

<< VOLVER

D-Velas, del mástil al jardín

20/09/13

Navegantes tenían que ser… ¡claro! Navegantes, pero también arquitectos y diseñadores. Se juntó la afición y el oficio, y de ahí surgió la idea: por qué no aprovechar las viejas velas y darles una nueva vida. Esto es lo que hace, desde hace cuatro años, la firma de diseño de mobiliario D-Velas. HELENA MATÍAS.

Teniendo en cuenta la resistencia al sol y la humedad de los tejidos, los diseñadores se lanzaron con una colección de muebles in&out, que funcionan tanto en el exterior como en el interior. Tienen piezas como la silla Trimmer, que combina la vela recuperada, con tubo de acero y cabo, o la tumbona para la piscina Vaurien, realizada con una armadura de sables de vidrio y relleno interior de foam. “Las velas están hechas de dacrón, en su mayoría, pero también las tenemos de spectra, carbono, mylar… Cada tejido es indicado para una función concreta, según su resistencia a la tracción. Lógicamente, analizamos cómo deben de trabajar los tejidos, pero casi tan importante como esto es, para nosotros, su cualidad plástica y compositiva”, nos cuenta Enrique Kahle.

El corte y la confección de estas velas requiere una cuidada selección y tecnología: “La dificultad del corte viene dada por la cantidad de telas de las que esté compuesta la vela. También hay que tener en cuenta que todas las velas tienen una curvatura que no debe entorpecer al patrón de los diseños”. La firma utiliza para la costura unos hilos encerados, generalmente de colores, que son un recurso compositivo más.

D-Velas se apunta así a la tendencia en diseño del upcycling o reutilización, un movimiento que aboga por la sostenibilidad y un consumo más responsable. Y como dicen en su página web, les sirven todo tipo de velas, gramajes y materiales, incluso las rotas. Aunque Enrique nos confiesa que “las velas que más nos interesan son las de los barcos antiguos, veleros clásicos donde la pátina de la vela es más evidente” . Y lo mejor… Sus piezas de diseño no tienen unos precios desorbitados: podemos tener el puf por 300 euros o la silla Trimmer por 600 euros.